domingo, 29 de marzo de 2009

A 6 meses del día en que todo cambió...

Ya van seis meses desde la pérdida más grande que he tenido en mi poco más de cuarto de siglo. Para los que saben sin que les dijese o para los que no saben, es oficial, en octubre perdí a mi papá. Prácticamente nunca tuvimos una relación típica de padre-hijo, a veces yo era el padre y a veces no lo era nadie, pero también lo era él, por ejemplo cuando yo me enfermaba o necesitaba algo, y él corría por mi...
Tras ese día todo cambió en mi vida, al menos hasta hoy... Como que despotencié mis ganas de vivir, es una cosa de abrir los ojos con menor optimismo o, al menos, con menor energía para enfrentar el día a día. Como que todas mis percepciones y definiciones se vieron zamarreadas por el hecho... Como que tomé una inseguridad horrorosa respecto a la relatividad de la vida y sobre el como de la noche a la mañana se te puede apagar la luz... Como que la noche antes de su partida terminé de comprender el rol de mi papá no solo en mi vida, sino en este mundo.

A veces somos incapaces de comprender todo aquello que escapa a lo "promedio", o al menos a lo "promedio de uno mismo"... Y sí, mi papá era una persona especialísima, nunca fue el mismo después del golpe militar de 1973 que le costó su trabajo, le implicó persecusión política por el resto del régimen y, en cierta medida, le costó su vida, en tanto integridad física y psíquica.

En su funeral tuve la triste experiencia de hacer uso de la palabra, y es triste pues desearía nunca haber tenido que asistir a algo así, o al menos no tan joven (él y yo). Además de agradecer en su momento y estar agradecido hasta la eternidad de todas las muestras de cariño recibidas, en particular de sus propios amigos, y de las palabras de consuelo en privado emitidas por ellos, resalté que mi papá finalmente me enseñó una cosa, y es que él en su vida quizás no siempre ganó, pero siempre siguió luchando... Era un luchador, capaz de sobreponerse a todo...

Es particularmente doloroso tener la certeza de que no vamos a parar a ningún otro lado después de esta vida... Mi fe se terminó de secar a fines del año 2003, con ocasión de las enfermedades de mi abuela y mi padre, constituyéndose ambas experiencias las "enésimas" pruebas de fe que no pude seguir sorteando, y es particularmente doloroso en tanto siento que mi papá se fue y nunca podré decirle tantas cosas que pude decirle en vida, o preguntarle otras tantas... o simplemente percatarme de que, al igual que como lo dije en otro posteo, su herencia del día a día son mis manos, a imagen y semejanza de sus -a mi juicio masculinas- manos, con sus uñas, sus escasos pelos y sus largos dedos...

Maldita misión la de ser el hombre de la casa, la de tener que proteger a mi mamá de los embates, teniendo que resistir en solitario tanto dolor, tanto impacto, tanto secreto...

Yo que de todo trato de aprender, no he logrado obtener algo para aprender de este trance... Solo los cambios en las percepciones y definiciones que formaban mi vida... Y un profundo sentimiento de pérdida, con esa maldita sensación de que te arrancan el corazón y te lo vuelven a poner a pedazos.